El hombre prudente, al cual hemos llamado «el venerable sabio,» llegó un día a la corte del rey Janaka, rey de una parte de la India. En aquellos primeros tiempos, la gente no tenía linternas o luces artificiales. Se utilizaban los fuegos abiertos la mayor parte del tiempo. El rey tenía un deseo de hacer a este sabio algunas preguntas acerca de la fuente de luz, pero sucedió, en ese día, que el sabio no se sentía inclinado a hablar. Sin embargo, de alguna manera, Janaka consiguió su permiso para comenzar una conversación.