Erase una vez, un oso que se ahogó en un río y comenzó a flotar en el. Un santo que estaba de pie cerca de la orilla del río pensó que una manta lo que flotaba y se metió en el río a nadar hacia ella para coger la manta y tratar de arrastrar a la orilla del río. Al tocar dicha «manta» se sorprendió al saber que no era una manta, pero el oso que estaba vivo. El oso se agarró del santo para que pudiera cruzar el río con su ayuda. Ambos trataban de agarrarse de uno al otro. En algún momento el santo estaba en una posición d